domingo, 8 de mayo de 2016

Es tiempo… ¿tiempo??... Sí, es tiempo…




 Tiempo de pensar. Tiempo de actuar. Tiempo de perdonar. Tiempo de olvidar. Tiempo de caminar por el camino de la santidad.

No hay tiempo que perder…los días pasan, los meses se van rápidamente, los años parecen meses… en la actualidad todo pasa rápidamente y nada queda.  Por tal motivo,  debemos  crear conciencia que es tiempo de conquistas, de pequeñas y de grandes conquistas. Es tiempo de mirar hacia el objetivo: la eternidad. Es tiempo de crear conciencia, hay que caminar pisando tierra… la eternidad está en juego. Nada de espejismos… viviendo la realidad que es la verdad y solo la verdad: nacimos de Dios y a Dios debemos regresar.  Que nadie nos robe apartándonos de nuestro camino.

Este mundo no es eterno.  Cuantos familiares y amigos han emprendido el viaje sin regreso. Muchos preparados, otros pocos, les ha tomado por sorpresa.  Hay que crear conciencia que es tiempo de conquistas, sí, la conquista de la eternidad. De esa eternidad de suma  felicidad, al lado de nuestro Padre Celestial.

El mundo nos distrae. Cierto. El mundo nos seduce, con bagatelas que brillan momentáneamente, pero no pertenecen a la eternidad.   Hay que abrir los ojos. No es tiempo de distracciones… es tiempo de correr por el camino seguro de la santidad.

Es tiempo de darnos en caridad, en misericordia, en servicio. Es tiempo de tomar el  timón de nuestra barca. No podemos desviarnos ni a la derecha ni a la izquierda, hay que seguir el camino directamente, sin atajos. Siguiendo nuestra estrella inmaculada que nos va iluminando las huellas de Cristo.

Es tiempo de vivir sumamente puros, sumamente humildes como el Padre espera. Es tiempo de levantarnos  con entusiasmo y valor a la conquista del mañana, ese mañana que nos devolverá a las playas de la eternidad.

Viviendo en el mundo pero con la mirada fija en la eternidad…porque el tiempo apremia, urge… no hay tiempo que desperdiciar… Dios nos espera a la otra orilla del tiempo… en el tiempo eterno… no podemos dejarle esperando... hay que regresar  “a casa”, de donde salimos… Es tiempo de amar en grande.

Desde la Soledad del Sagrario

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