jueves, 18 de febrero de 2016

Desilusionarme yo, ¿y por qué?


Que raro somos los seres humanos. Damos importancia a lo que no tiene y a lo que tiene ni pizca de importancia le damos.

Leía los comentarios de miles de personas, claro, leía algunos pocos nada mas, donde se daba el fenómeno de la desilusión así nada más.  ¿Y por qué? Porque somos tan mezquinos, y fijaos que me incluyo, nadie se sienta herido en su amor propio, que tenemos lentes de aumento para lo que creemos es una ofensa, una debilidad, un error. Nos negamos a mirar el contexto con libertad de conciencia, con pureza de intención.

Dándole oído al enemigo de las almas y a los medios de comunicación que son instrumento privilegiados del malo eterno. Y le seguimos el juego… Cuantos se retiraran porque consideraran que el Papa Francisco tuvo un abrupto de carácter injustamente. ¿Sera verdad? ¿O es que no queremos ver nuestras debilidades en el Papa? 

El Papa habla de la misericordia divina, cierto, muy cierto. ¿Acaso dejo de ser misericordioso por que reacciono molesto al incidente del joven? Le llamo egoísta y con carácter severo.  ¿Y?  Miremos los detalles.

El Papa Francisco se acerco a unos niños o jóvenes invalidos, en sillas de rueda. Trato de besar a uno en particular, en ese momento, antes de bajarse, un joven que estaba al frente, detrás de la silla de rueda, saco su brazo y jalo al Papa. Primer intento, el Papa se tambaleo, lo miro y no le dijo nada. Se va a inclinar sobre el joven invalido y el joven vuelve a jalar al Papa esta vez, logra tumbarlo sobre el joven. El Papa cae sobre el joven en su silla de ruedas por segundos. Todo el peso del Papa sobre ese frágil jovencito que no podía defenderse.  ¿Estuvo bien?  El joven de la silla solo alcanza a sonreír.  Miremos al Papa.
Papa Francisco se incorpora con la ayuda de la guardia de seguridad, que por cierto habían podido evitar el incidente.  Se endereza, mira al joven, lo señala y le dice “No seas egoísta”.  Lo dice con un rostro molesto. Con la misma, vuelve a sonreírle a los niños y jóvenes inválidos y sigue besando, dando la mano y acariciando a todos.

¿Quién es el Papa Francisco?  Primeramente un ser humano con virtudes y defectos, que lucha día a día por la santidad personal y la de la Iglesia.  Segundo: Un anciano, con un solo pulmón, con problemas del nervio ciático; con problemas al caminar, con problemas normales debido a la edad avanzada. Por ser anciano se le debe un respeto; por ser  el Papa, el vicario de Cristo, se merece un respeto. No se le puede hamaquear como si fuera uno más. 

¿Por qué jalar al Papa? ¿Para qué jalarlo? Si lo jalas tan fuerte estas provocando que se caiga.  ¿Para qué hacer caer al Papa?  Si el joven pudo jalarlo, quiere decir que pudo tocarlo…entonces, porque no se conformó con tocarlo.  ¿Era un joven impetuoso? Pues sí, lo era.  ¿Se emocionó a tal punto que quiso verlo en el suelo? Pienso que actuó sin pensar. Simplemente eso.

Lo que no es admisible es que existan personas que comenten que se han desilusionado del Papa Francisco por su reacción. El Papa está llamado a corregir, a amonestar a sus ovejas.  Y el uso la palabra correcta: “No seas egoísta”,  El Papa sabía que podía haberle causado un golpe innecesario al joven de la silla de rueda, indefenso, que recibió todo el peso de su cuerpo en forma violenta. El Papa defendía al joven inválido.

Miremos a Cristo, con látigo en mano arrojar a los mercaderes del templo… y por cierto, no tenía un rostro menos molesto que el Papa.  ¿También nos vamos a desilusionar del Cristo Misericordioso por tomar un látigo y caerle encima a los mercaderes, tumbándoles sus mercancías al suelo??

No, no es tiempo para desilusiones. Es tiempo para agradecerle a la Guadalupana, ¿a la Guadalupana?, sí a ella, porque ella no dejo solo al Papa Francisco, ni un instante de su estadía en México… Ella es madre y como madre defendió a su más querido hijo, de  la treta del demonio, no dando  los frutos que el demonio esperaba. La Madrecita cobijo con su manto a todos los involucrados.  ¡Qué bueno es Dios!! Sigamos orando por nuestro Papa Francisco… y por el joven impetuoso, que no pensó y actuó a la ligera,  seducido por el demonio que sutilmente le susurró al oído… estoy convencida de ello…

Desde la Soledad del Sagrario




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