martes, 6 de mayo de 2014

¿A dónde vas tan de prisa? A buscar sanación para mis heridas





Almas afligidas, almas desesperadas, almas desconsoladas, solas en medio del dolor, cargando el peso de una cruz aplastante… Mirad estas pobres palabras, quizás puedan, brindarles un poco de ayuda…

¿A dónde vas tan de prisa? A buscar sanación para mis heridas…

Hoy vengo a tus pies adolorida por el peso   de mis pecados,    flaquezas y debilidades.

Hoy vengo  buscando,    Amigo mío,    Tu compasión, Tu amor, Tu gozo,   Tu ayuda.

He caído bajo el peso de mi cruz, pequeño peso, que ha logrado aplastarme por el llanto, la confusión y la tristeza.

Pero, Señor mío, hablo de una cruz, cuando la realidad es que son muchas pequeñas cruces que se unen para forma una en el dolor, en la angustia que oprimen mi pobre y pequeña alma.

El miedo toca a la puerta de esta afligida alma mía, puerta que esta herméticamente cerrada por la llave de la esperanza, esperanza que me lanza a Tus pies a llorar amargamente mis muchos pecados.

Noche oscura… noche de tinieblas… invaden mi alma,  nada veo, nada entiendo, nada se puede percibir por esta densas tinieblas, que han llegado sorpresivamente provocando gemidos desgarradores en mi pobre alma.

Señor, Tú, solo Tú, dulce Huésped de mi alma, puedes sacarme de este estado angustioso… os suplico…compadécete de mi pobre alma, llenándola de tu presencia divina. ¿Qué será de mí sino contara con Tu auxilio?

Disipa, Amado mío,  todo lo que hace daño a mi alma… estas tinieblas sean invadidas por Tu luz, la luz amorosa de un Dios que puede vivir a gusto en mi pobre y pequeña alma.

Con tu mirada divina arranca este dolor  sensible que daña mi total confianza y esperanza en Ti. Sin esperanza, sin confianza me perdería en el dolor… pero, no, corro a Tus pies, para humillada pedir auxilio, al único que puede ayudarme… a Ti, mi Rey, que reinas en mi vida… dame el alivio que necesito…

Os pido, por favor… hazme ver Tu obrar en mi alma…Hazme entender Tu lenguaje…Hazme abrazarme al fuego de Tu Voluntad Divina, con entusiasmo, con alegría, con fe, con humildad, con exquisita pureza.

Dulce Huésped de mi alma…baños de paz recibe mi alma… baños que alimentan enriqueciendo mi alma de confianza, de esperanza, de intensos deseos de santidad.

La luz divina invade mi pequeña y pobre alma… Oh, Dulce Huésped de mi alma que bien se está a los pies de tan amado y deseado Corazón Eucarístico.

Mi alma se deleita en el Dios del Sagrario…mi alma se vuelve para gustar y saborear las delicias eucarísticas de un Dios que se da a manos llenas.

Gracias…gracias…gracias… mi Adorado Amado Jesús… gracias por responder con tanta compasión, amor y tan dulce entrega a mi alma, disipando las tinieblas, dando paso a la luz de Tu presencia. Oh, riqueza insondable es Tu presencia divina… ¿Quién pudiese mantener Tu presencia divina siempre en el alma, Dulce Huésped de mi alma?…solo los santos…solos los santos…Entonces, Señor, quiero ser santa, porque quiero poseer Tu presencia divina siempre, siempre en mi alma…

Qué diferencia cuando se corre a tus pies, ahí en el Sagrario…y es que…gracias inmensas reciben las almas que corren a Tu presencia en los momentos de pruebas…

Almas afligidas la respuesta, la sanación, es Jesús Eucaristía. Venid…venid… a recibirlo a encontrarse con Él a los pies del Sagrario, está en disposición de todos los que se acercan con un corazón necesitado de Dios…porque Dios nos ama intensamente…somos la niña de sus ojos…

La pequeña de Dios



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