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En el silencio de la noche, me acerco a Ti, adorado Dios de la Vida, para
pedirte encarecidamente escuches la suplica que sale de este pequeño corazón. Dígnate,
Amado mío, escucharme y concederme lo que te pido, pues es mi mayor deseo que
todas las almas se vuelvan a Ti, con el corazon abierto de par en par…
Tu sabes que te amor, mi Dios… Te amo mi dulce y adorado Dios, tanto, que
deseo con toda mi alma, que ninguna alma se pierda la dicha de conocerte, de
amarte, de vivirte, de sentirse invadido por tu amor.
No, mi Jesús amado, que ninguna alma se pierda para la eternidad, porque
perder la eternidad es perderte a Ti para siempre… Madre de mi alma, que
desdicha insoportable debe ser perder a Dios para siempre…
Amado mío, prefiero morir antes que perderte a Ti… permite amarte tanto, y
tanto que mi pobre y pequeño amor se convierta en una llamita que salte a los
corazones más alejados de Ti, provocándoles la herida de buscarte y
encontrarte…
Dame, mi Señor, esa alegría…solo te pido que yo no me entere…Te amo mi
Dios…y te quiero amar con el corazón de mi Madre Celestial…
Madre mía, regálame tu corazón para amar a Jesús, con pureza y humildad,
como Él tanto desea ser amado…
Desde la Soledad del Sagrario
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