martes, 2 de julio de 2013

¡Hellooo!! …La Misa va a comenzar…


imagen web

Acabo de salir de la Santa Misa… esta mañana iba con tanta ilusión a mi misa. La Iglesia es sumamente pequeña…estaba llena…entre ancianos y jóvenes adultos.  Un ambiente de recogimiento, de oración, de preparación para esa misa… Un grupo de personas que quieren amar y ser amados por Dios. 

Es una atmosfera de espiritualidad hermosísima… almas sedientas y hambrientas de Dios, que madrugan con ilusión a vivir la misa.

El padre llego tarde… pero todos estábamos sumergidos en ese agradable coloquio con Dios… esperando pacientemente al sacerdote.

Llega el sacerdote, y sin saber porque, percibo un malestar, una molestia, un humor no agradable en el padre. Aunque pocas veces he estado en su misa, no percibía al sacerdote que vibraba emocionado con la Santa Misa… al sacerdote que se sumerge en ese misterio y nos lleva a desear vivir ese encuentro que podemos adivinar en él con Dios.

Su voz no sonaba con la ternura acostumbrada… aunque suele ser firme y fuerte en la hora de la homilía pero a la vez con unos desbordamientos de bondad, de padre que amonesta, que guía, que educa, que motiva a sus hijos…que solo busca la santidad de cada uno de los hijos… que se gasta hablándoles de ser santos… de que hay que vivir al gusto divino.

Qué diferencia…el simple malestar, el cambio de humor… hace que la Santa Misa no se viva con intensidad…Cuanto ayuda el estado anímico, las actitudes del sacerdote celebrante. Qué diferencia… cuando el rostro del sacerdote no refleja un corazón desbordando amor, sentimientos de ternura… un rostro lleno de entusiasmo y asombro  por el inefable misterio que tiene en sus manos…esa mirada del sacerdote celebrante que se pierde contemplando el misterio en sus manos… todo un Dios en manos tan pobres, pequeñas, débiles y pecadoras…

Que misterio tan grande de Amor en Dios que se deja hacer en manos del sacerdote… manos que pueden tocarlo con delicadeza, con amor, con suavidad, con reverencia… mientras hay manos sacerdotales,  que por el contrario, pueden demostrar indiferencia,  trato irreverente, que al contacto con el Cristo Hostia se deshacen con rapidez, dejándolo en la patena prontamente… porque el Cristo Hostia quema sus manos… no, no pueden soportar el contacto divino…

Acostumbrada a ver al sacerdote celebrante convencido del Misterio de la Eucaristía… que diferencia inmensa… que misas vividas intensamente, con entusiasmo…entre el sacerdote celebrante y el Pueblo de Dios… dándose en cada acto de la liturgia con derroche de agradecimiento, de fe, de esperanza, de caridad… una verdadera fiesta eucarística…

Todos somos humanos… todos tenemos momentos difíciles que nos hace llenarnos de molestia, cambios en el estado anímico… nos hace sentir diferentes… es normal, es parte de nuestra  naturaleza humana. Entiendo perfectamente que el sacerdote celebrante también es humano, con virtudes y defectos como todos nosotros… 

Solo que esta mañana he podido meditar y llegar a mis propias conclusiones… hay que orar más por nuestros sacerdotes…que como humanos también tienen su momento de malestar…

Que misa la de esta mañana… Dios dándose a borbotones… aunque  el ambiente este un poco cargado de nubes para el sacerdote celebrante… Dios siempre abriendo sus brazos para acoger y consolar a quien lo necesita más… ¡Qué bueno es Dios!!

Desde la Soledad del Sagrario

No hay comentarios:

Publicar un comentario