domingo, 21 de octubre de 2012

Cuando la soledad es nuestra única compañera de convivencia



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En estos días meditaba en la “soledad” de tantas almas… soledad que cobija a tantas almas de todas las edades… sin importar niveles sociales, o sin son educados o analfabetas,  si son creyentes o ateos.  No importa… la soledad les cobija y les abraza en la misma dimensión e intensidad. A unos les llega a desesperar… a otros los lanza a dimensiones insospechadas de santidad… pero unos y otros son salpicados y azarandados por el yugo del sufrimiento. 
 
La soledad incomprendida… la soledad que rodea a las almas que sufren amargamente la ausencia del amor, de la caridad exquisita, de la compañía  de los suyos,  de una palabra amiga, de una sonrisa calidad, de una visita llena de alegría, de una llamada telefónica, de un abrazo sincero, de un estar y reír a carcajadas porque la amistad se hace evidente alegrando el alma con la presencia de los amigos… La soledad por compañera de tantas almas que naufraga en el olvido de los demás.  

 
Y… ¿por qué las almas sufren de soledad?  Porque vivimos unos tiempos donde todos están sumergidos en sus cosas… en su familia inmediata, en sus trabajos agotadores, en sus diversiones donde no hay lugar para esa alma conocida, familiar, o amiga que vive tan sola y tan distante del calor humano.  
 
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Pero no es solo aquellas almas que viven su soledad en sus casas, asilos, hospitales, cárceles… noooo… hay almas que en medio de sus familias viven solas… se siente solas, marginadas, olvidadas… que solo se les atiende cuando se les necesita… y a veces existen solo para ser maltratadas verbal, emocionalmente o físicamente… sirven para desahogar sus frustraciones, sus corajes, sus rebeldías… sus estados anímicos… esas almas grandes o pequeñas, niños o
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ancianos, hombres o mujeres, sanos o enfermos… se convierten en  el saco de arena del boxeador y es aquí donde los suyos descargan y liberan  todos sus problemas… 
 
 
 
 
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Cuando son almas maduras, almas de mayoría de edad,  deben de abrazarse a esa soledad que no han buscado… que se les presenta sorpresivamente, al quedar viuda o viudo, o al llegar a la ancianidad sin tener familia… o aquellas almas que caen en los brazos de la enfermedad o accidentes imprevistos que los deja marginados de una vida totalmente normal y dueños de ella… esas almas deben de aceptar la soledad… abrazarse a ella… llorar… si todo lo que deseen pero no un llanto que se niega a aceptar la nueva experiencia de vida, si no un llanto que es un desahogo del alma ante la presión del dolor que causa la soledad en si misma… y el olvido de los que se aman… o se conocen…  
 


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iPor otro lado hay que dejar de mirarse a sí mismos… y elevar la mirada  hacia a Aquel que si vive una soledad mayor, una soledad que es la respuesta a la ingratitud a su Amor incondicional… las almas en soledad deben mirar al Dulce Huésped del Sagrario… y darse cuenta que son llamados a vivir y experimentar su propia soledad… ¡Que diferente debe ser entonces la soledad propia!! Ya no debe tener el mismo sabor amargo porque es una soledad compartida con el Solitario del Sagrario. 

 
Pienso que es un regalo de incalculable valor que Jesús Eucaristía le concede a muchas almas… llevarlas a vivir y experimentar en carne propia su soledad.  


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Es para llorar de felicidad… es para llorar de alegría… es para llorar de dolor al saber tan solo al Amor de los Amores… es para correr al Sagrario y hacerle compañía… es para desvivirse por llenar el vacío de las almas  con la pobre compañía de las almas que viven en soledad…  Porque la vida les cambia de momento… ya no importa la soledad propia sino la soledad de quien no debe vivir solo, porque el Dulce Huésped del Sagrario es nuestro Dios… nuestro TODO…  
 
 
 
Les animo almas que sufren de soledad a mirar esta nueva perspectiva en sus vidas… la riqueza espiritual será inmensa… y vuestras soledades se llenaran con la Soledad del Sagrario… 
 
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Desde la Soledad del Sagrario

 
 
 

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